El resultado es entrenar demasiado, no llegar a punto y posteriormente, cuando si se desciende en el volumen de trabajo, sobrecompensar y rendir de sobra en esa competición secundaria que teniamos de relleno después del objetivo principal.
Por lo general esto es culpa de una mala planificación y un mal control del entrenamiento. Si ese período antes de la competición en el que no paramos por miedo a no llegar en forma estuviese bien programado y lo adelantasemos (imaginate hacer las cosas mal una o dos semanas antes)para hacer esa bajada de volumen (pero no del todo en intensidad) es probable que hagamos una buena puesta a punto para la competición.
Podemos también echar la culpa a la preparación psicológica y al control de las emociones ante la prueba objetivo pero cuando uno ha hecho las cosas bien y es consciente de sus posibilidades este factor es algo más controlable.
Aprended de lo realizado y programad la aproximación a vuestros próximos objetivos en función de la experiencia vivida con ciertas dosis de ciencia deportiva.
Es hora de ir planificando la próxima temporada.














